Ruta del Adobe
La “Ruta del Adobe” es un tramo de la espectacular ruta nacional 60. Durante unos 50 kilómetros que separan a Tinogasta de Fiambalá, historia y arquitectura hacen sinergia creando un camino catamarqueño imperdible.
La idea es que empieces este tour rutero con mate en mano, nueces confitadas rellenas de dulce de leche –algo muy típico de la provincia- y la playlist en Spotify de la reconocida banda folklórica catamarqueña “Carafea” a todo volumen.
En el camino verás muchas construcciones de adobe, como capillas, casonas y oratorios, algunas con 300 años de antigüedad. Este material rojizo se hacía en aquella época con arcilla y greda, una tierra que sale de la orilla de los ríos, se le agregaba paja y agua y se secaba al sol.
La ventaja, en estas tierras áridas y calurosas, es que el adobe es un aislante térmico, que naturalmente ventila por dentro trayendo bocanadas de aire “acondicionado” cuando afuera pueden marcar unos 40 grados.
Todo comienza en Tinogasta, una ciudad a las orillas del río Abaucán y a 276 kilómetros de la capital, San Fernando del Valle de Catamarca. Su nombre significa en lengua cacán “junta o reunión de los pueblos”. Acá ya comienza al recorrido por el Hotel de Adobe Casagrande, una casona tradicional del año 1897 que hasta hoy se mantiene de pie.
La tercera parada de este corredor turístico y cultural está ubicada dentro de la pequeña localidad de El Puesto. Entrar por sus callecitas es perderse en el tiempo. Acá se visita el Oratorio de los Orquera: una capillita muy pintoresca construida a principios del siglo XVIII, construida en adobe y tapias de barro, su nave interior tiene vigas de algarrobo curvas que es algo típico de la región.
En su interior se conserva la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario. A su lado, hay un Museo Familiar con fotos en blanco y negro, vajilla y carteras y más objetos de época.
Andando un poco más al norte, nos encontramos con la cuarta parada y el spot más fotografiable de esta ruta: la Iglesia de Andacollo. A unos metros de desvío de la ruta, ella imponente da la bienvenida a un predio donde la rodea una belleza natural, de fondo las montañas le dan el marco final.
La fachada original tiene dos torres en línea y se ingresa a través de un arco con pilares. Durante la primera mitad del siglo XIX se construyó este edificio religioso con una arquitectura poscolonial, los años la fue deteriorando hasta que en 2004 se llevó a cabo un excelente trabajo de recuperación.
Hoy, impecable, forma parte del Patrimonio Histórico Cultural de la Provincia de Catamarca. Una buena idea es ir a verla al atardecer y quedarte hasta cuando prendan las luces. Un lugar mágico para sacar muchas fotos.
Fuente: https://www.voydeviaje.com.ar/